The wax cylinder is a dark brown tube, displayed upright. The containers echo the tubular shape of the cylinder. They are made of a lighter brown cardboard, with a round lid on the top. Some of them have handwritten notes written directly onto the cardboard, as well as paper labels and stickers.
Lionel Mapleson (1865–1937)
Early opera recordings on wax cylinders

1900–1904
Rodgers and Hammerstein Archives of Recorded Sound, The New York Public Library for the Performing Arts, Dorothy and Lewis B. Cullman Center
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Early opera recordings on wax cylinders

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Daniel Alarcón: Está escuchando una de las primeras grabaciones que existen de música en vivo.

Esta interpretación de la “Canción del toreador” de la ópera Carmen de Bizet, se grabó en 1902 en un cilindro de cera igual al que ve aquí.

Los chasquidos, siseos y demás ruidos  no serían considerados sonido de alta calidad en nuestros días, pero, en ese momento, eran de vanguardia. Un bibliotecario llamado Lionel Mapleson hizo esta grabación —y cientos más— en su lugar de trabajo: la Ópera Metropolitana de Nueva York. Con el tiempo, descubrió que podía lograr una mejor calidad de grabación desde una pasarela suspendida a 12 metros o 40 pies por encima del escenario. 

Mapleson utilizaba el fonógrafo Model A Edison “Home” que había comprado en el año 1900. El dispositivo funcionaba con un mecanismo de relojería y reproducía cilindros de cera. Además, con un accesorio especial, también se podía grabar en ellos. Mapleson mejoró su equipo agregándole una enorme bocina de grabación, construida por encargo, que era casi del mismo tamaño que él.

Después de sus presentaciones, los intérpretes se reunían en la oficina de Mapleson para escuchar sus grabaciones y maravillarse ante semejante novedad. Los  escucharon tantas veces que esto explica, en parte, la cantidad de “crujidos y siseos” debido al desgaste. 

Mapleson realizó estas grabaciones como un pasatiempo. Sin embargo, en la actualidad, son documentos invaluables de la historia de la música grabada que nos permiten oír interpretaciones de algunas estrellas cuyas voces jamás se hubieran grabado. Además, dichas grabaciones revelan algo sobre la personalidad del público de la ópera de la Ciudad de Nueva York en aquella época.

Música: "¡O Paradis!" de L'Africaine de Giacomo Meyerbeer.

Por ejemplo, oiga como la multitud enloquece con la interpretación de “¡Oh, Paradis!” del tenor polaco Jean de Reszke en L’Africaine de Meyerbeer.

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