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Conexiones 2005-2006 y La Búsqueda de Trabajo

Introducción

Nuestro libro, La Búsqueda de Trabajo, está diseñado para conducirlo, paso a paso, por todas las diferentes fases del proceso de la búsqueda de trabajo. Fue concebido y escrito con usted en mente. Es por ello que las preguntas: “¿Qué medidas puedo tomar antes de salir en libertad?”, “¿De qué modo puedo responder por mis antecedentes penales al llenar el formulario de solicitud de trabajo?” y “¿De qué modo puedo recuperar los derechos que he perdido?” son tratadas a fondo. Algunas secciones de este folleto pueden resultarle más relevantes que otras; no obstante, esperamos que toda persona que lo lea pueda obtener algún provecho en el momento de buscar trabajo, incluso si lo leyera sólo de un vistazo.

La primera pregunta que un ex recluso necesita hacerse al salir en libertad es: “¿Estoy listo para trabajar?” La respuesta a esta pregunta no es tan fácil como pudiera parecer a primera vista. Si se formulara de la siguiente manera: “¿Necesito ganar dinero?” o “¿Necesito un trabajo?”, un simple y sencillo “Sí” sería más que suficiente. Pero el estar listo para trabajar presupone más que la simple voluntad de ganar dinero. Para poder tener éxito en el mundo de “afuera”, muchos de nosotros necesitamos pensar críticamente en nosotros mismos, y en la dedicación con la que estamos dispuestos a trabajar para evitar la cárcel, un lugar a donde, de acuerdo con las estadísticas, un considerable número de nosotros volverá en el futuro.

Comencemos con la pregunta más obvia de todas, “¿Por qué trabajar?”. Para muchos la respuesta más natural es “Me mantenderá fuera de la cárcel”. Sin embargo, estoy segura de que no es necesario decirle a nadie, a menos mientras está encarcelado, que la cárcel no es un lugar agradable. Sin embargo, lo que le sucede a la mayoría de nosotros es que una vez que estamos libres en las calles, decidimos olvidar nuestra experiencia en la prisión y antes de darnos cuenta, hemos retomado los viejos patrones de conducta destructiva. “Esta vez voy a ser la excepción”, pensamos, “la persona que no será atrapada”. Lo que los que piensan de este modo deciden ignorar es que probablemente no haya una sola persona entre los cientos de miles que han estado encarcelados que no haya pensado lo mismo alguna vez. Al cometer un ilícito, ¿quién planea ser capturado e ir a la prisión? Por eso, cuando necesitamos un incentivo extra, es bueno volver a pensar en nuestra experiencia en la prisión, la vida regimentada detrás del paredón, la falta de contacto con nuestros familiares y amigos, las tensiones permanentes y el aburrimiento a los que se nos somete por la fuerza, y recordar que un empleo, como mínimo, nos mantendrá activos en el mundo exterior —donde podemos continuar recomponiendo nuestras vidas. Para la mayoría de nosotros, obtener y mantener ese primer empleo después del excarcelamiento será un logro que nos enorgullece.

Además, por supuesto, el trabajo significa sacrificio. Hace falta despertarse temprano todos los días y llegar al trabajo a horario. Significa, para muchos de nosotros, comenzar con un salario semanal muy bajo, que puede parecernos poco. El trabajo también significa tener que acumular o desarrollar suficiente autodisciplina para controlar nuestro temperamento, cumplir órdenes que pueden tener poco sentido para nosotros y concentrarse cuidadosamente en una única tarea durante largos períodos de tiempo. Y este es otro motivo por el cual el trabajo es importante: nos permite asumir la responsabilidad de nuestras vidas. En prisión, teníamos poco o ningún control sobre la mayoría de las decisiones que nos incumbían —por ejemplo, en qué programas inscribirse, los alimentos que se ingerían a la hora de comer o cómo y cuándo queremos gozar de nuestra intimidad. Estábamos forzados a depender de otros para satisfacer hasta las necesidades humanas más básicas.

Una vez de regreso en la calle, sin embargo, tenemos la libertad de decidir cómo nos gustaría conducir nuestras vidas. Tenemos en nosotros el poder de decidir entre innumerables opciones: dónde trabajar, con quién vivir, qué canal de televisión poner, qué comer a la hora del almuerzo, etc. Por supuesto, algunas de nuestras opciones pueden ser limitadas por factores como nuestra situación económica, las habilidades que poseemos en la actualidad; o las oportunidades que se nos presentan. Así y todo, con determinación y un poco de planificación previa, podemos utilizar nuestra experiencia laboral para expandir nuestras opciones y, mientras pasa el tiempo, crearnos nuevas posibilidades. De este modo, mantenernos en un trabajo no sólo nos confirma a nosotros mismos y a los demás que, después de haber dependido por tanto tiempo de otros, somos capaces de asumir la responsabilidad de nuestras propias vidas, sino que a la vez nos promete la recompensa de ingresos económicos cada vez mayores. Estos ingresos pueden traducirse en el apoyo económico necesario para armar una familia, en nuevas oportunidades de volver a estudiar y en muchas otras cosas que pueden sernos deseables.

Por último, el trabajo nos permite enriquecer nuestras vidas. Nos expone a una variedad de personas y experiencias nuevas. Nos enseña habilidades que pueden resultar beneficiosas más adelante en nuestro desarrollo profesional, y nos puede brindar un sentimiento de orgullo y logro personal el saber que, al terminar el día, hemos hecho nuestro trabajo y que lo hemos hecho bien.

Una vez que nos hemos decidido a encontrar trabajo, es una buena estrategia examinar algunas de nuestras actitudes negativas hacia nosotros mismos. De otro modo, tales actitudes frustrarán nuestros esfuerzos, y ningún orientador laboral —no importa cuán apto sea— ni ningún manual o guía de trabajo —no importa cuán bien escrito esté— podrá sernos de utilidad alguna.

Las actitudes negativas más comúnmente mencionadas son:

  • Soy un ex recluso; nadie me va a contratar.
  • No tengo ninguna habilidad.
  • No quiero ningún trabajo sin futuro o que pague poco.

Soy un ex recluso; nadie me va a contratar.
Este argumento se puede descartar porque simplemente es falso. De hecho, sólo sirve para hacernos recaer en el derrotismo, y para justificar la decisión de no hacer nada para mejorar nuestra situación. Recuerde que muchas personas con antecedentes penales o historiales de drogadicción tienen trabajos bien pagados en todos los niveles de la sociedad. La clave de su éxito es que supieron desarrollar un mejor concepto de su propio valor como personas. Lo pasado, pisado. No olvidemos que hemos pasado un tiempo en la cárcel y que ya hemos pagado nuestra deuda a la sociedad. Ahora tenemos tanto derecho a trabajar como cualquier otra persona. Es cierto que no es nada fácil encontrar trabajo, y que la discriminación sin duda existe. Sin embargo, hay leyes que nos protegen como ex convictos (o ex drogadictos) contra la discriminación. No olvidemos, además, que con algo de preparación, podemos aprender técnicas para eludir la discriminación o, en caso de que nos enfrentemos directamente con ella, saber combatirla con éxito.

No tengo ninguna habilidad.
Esta segunda actitud es, como la primera, categóricamente falsa. No existe tal cosa como una persona que no tenga ninguna habilidad. Toda persona ha adquirido a lo largo de su vida algunas habilidades, aun cuando no estén relacionadas con puestos de trabajo específicos. La típica dueña de casa, por ejemplo, al cuidar a su familia, con toda probabilidad ha desarrollado la habilidad de mantener un presupuesto familiar, cuidar a niños y cocinar, habilidades todas éstas que le pueden ser de utilidad al solicitar un trabajo remunerado. Muchos hombres, por su parte, han desarrollado habilidades especiales en el mantenimiento de su automóvil, ayudando en la formación de sus hijos o tal vez pintando o revocando las paredes de un apartamento. El punto aquí es que hay que examinar nuestra experiencia ya adquirida, preferiblemente con un orientador laboral, para determinar exactamente cuáles son las habilidades que poseemos y en qué tipos de trabajo son más efectivamente aplicables. Entonces tendremos los argumentos para persuadir a empleadores potenciales de que podemos ser útiles para ellos.

No quiero ningún trabajo sin futuro o que pague poco.
Por cierto que podemos entender a una persona que no quiere gastar su energía en un trabajo sin posibilidades de progreso o que pague poco. Así y todo el hecho es que muchos de nosotros tenemos que empezar nuestras carreras en un puesto de nivel inicial, o al menos trabajar en esos puestos por un período de tiempo.

En este sentido, es importante darse cuenta de dos cosas. Primero, la mayor parte de los empleadores insisten en que los nuevos trabajadores empiecen desde abajo y vayan subiendo de puesto a medida que van trabajando para la empresa. Esto le permite al empleador juzgar con mayor precisión las cualidades de un individuo como trabajador antes de asignarle más responsabilidades. En segundo lugar, trabajos sin posibilidades de crecimiento, o que pagan poco, sirven para algo: nos ayudan a pagar nuestras cuentas, nos dan experiencia de trabajo, y nos pueden crear contactos importantes que en un futuro podrían significar mejores oportunidades de empleo. Si aceptamos un puesto de trabajo de nivel inicial, tratemos siempre de tener en mente una meta a largo plazo. De este modo, podemos ver nuestro trabajo actual como un paso pequeño dentro de nuestros planes de más largo alcance y no hay por qué considerarlo como si fuera permanente. Sobre todo, evite asumir la actitud que dice: “Nunca voy a aceptar un trabajo que me pague tan poco”. Para la mayoría de nosotros, no hay una manera fácil de hacerse ricos con rapidez; si la hubiera, usted no estaría leyendo este libro en este momento y yo no estaría escribiendo en este momento.

Para muchos de nosotros, sobrevivir en el mundo de “afuera” puede ser algo que nos asusta —especialmente si hemos estado entre rejas por largo tiempo. Puede que tengamos que adaptarnos a un estilo nuevo en la manera de relacionarnos con la gente. Si estamos dispuestos a ser honestos con nosotros mismos, y tratar a los demás con sinceridad, entonces hemos vencido el reto más serio. Recuerde siempre: no hay razón alguna para tener que ponerse a la defensiva acerca de quiénes somos, o disculparnos por nosotros mismos. Hemos cometido errores, como los cometen otros, y hemos pagado por ellos. Nuestra tarea ahora es volver a tomar control de nuestras vidas, teniendo presente que la decisión de volver o no a la cárcel estará en nuestras manos como individuos —no en la de los oficiales a cargo de supervisar nuestra libertad bajo palabra, ni en las de nuestros amigos o parientes, o las de la sociedad. Encontrar un trabajo y quedarse en él será el primer paso importante para la mayoría de nosotros que queremos readaptarnos a la sociedad. Esperamos que La Búsqueda de Trabajo le sea de ayuda en este sentido.

Nota del autor

Para escribir La Búsqueda de Trabajo se recurrió a una gran variedad de fuentes de información. Se consultaron una serie de libros y folletos dedicados al tema de cómo obtener trabajo; desafortunadamente, muy pocos de ellos habían sido escritos para no profesionales que están en busca de trabajo. De igual modo, actualmente sólo existe un muy limitado número de materiales escritos que analicen el tipo de problemas legales con los que se tiene que enfrentar un ex recluso o un ex drogadicto al momento de buscar trabajo. Los materiales de utilidad que sí existen se pueden hallar sólo en las oficinas de profesionales como los asesores jurídicos, oficiales a cargo de supervisar a personas en libertad bajo palabra, u orientadores dedicados a combatir el uso indebido de sustancias adictivas. Sin embargo, conocer los propios derechos de uno como ex recluso y saber cómo causar una buena impresión al entrevistarse para un trabajo pueden ser asuntos de vital importancia para un ex recluso, asuntos a veces interconectados con su capacidad para mantenerse fuera de la cárcel. Tuve la suerte, al escribir La Búsqueda de Trabajo, de conocer a muchas personas expertas en esta materia cuya ayuda fue indispensable. Algunas de ellas son asesores jurídicos en el área de derechos de ex reclusos, orientadores dedicados a combatir el uso indebido de sustancias adictivas, oficiales a cargo de supervisar a personas en libertad bajo palabra, y expertos de las agencias de empleo que trabajan intensamente en programas con ex reclusos.

Note que este folleto está dirigido a lo que se podría llamar “una audiencia media”. Puesto que la población en las cárceles incluye a personas que poseen la gama completa de habilidades de lectura y de experiencia, ha resultado imposible escribir con todos los segmentos de esta población en mente. Elegí concentrarme más en aquellos individuos que tienen menos habilidades y experiencia relacionada con trabajos, y menos educación formal. Por lo general, éstas son las personas que menos conocen los recursos que hay disponibles para ellos fuera de la cárcel y cómo tener acceso a ellos. Aun así, confío en que todos ustedes encontrarán alguna información o consejo en estas páginas que les pueda ser de ayuda.

Por último, la verdadera prueba de la eficacia de este folleto es el efecto que tenga en usted, el lector. Tanto es así, que cualquier sugerencia que pudiera tener para mejorarlo se le agradecería. Envíe sus sugerencias a: Stephan Likosky, Institutional Librarian, Office of Community Outreach Services, The New York Public Library, 455 Fifth Avenue, New York, NY 10016.