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Introducción
Nuestro libro, La Búsqueda de Trabajo, está diseñado
para conducirlo, paso a paso, por todas las diferentes fases del
proceso de la búsqueda de trabajo. Fue concebido y escrito
con usted en mente. Es por ello que las preguntas: “¿Qué medidas
puedo tomar antes de salir en libertad?”, “¿De
qué modo puedo responder por mis antecedentes penales al
llenar el formulario de solicitud de trabajo?” y “¿De
qué modo puedo recuperar los derechos que he perdido?” son
tratadas a fondo. Algunas secciones de este folleto pueden resultarle
más relevantes que otras; no obstante, esperamos que toda
persona que lo lea pueda obtener algún provecho en el momento
de buscar trabajo, incluso si lo leyera sólo de un vistazo.
La primera pregunta que un ex recluso necesita hacerse al salir
en libertad es: “¿Estoy listo para trabajar?” La respuesta a esta pregunta
no es tan fácil como pudiera parecer a primera vista. Si se formulara
de la siguiente manera: “¿Necesito ganar dinero?” o “¿Necesito
un trabajo?”, un simple y sencillo “Sí” sería
más que suficiente. Pero el estar listo para trabajar presupone más
que la simple voluntad de ganar dinero. Para poder tener éxito en el
mundo de “afuera”, muchos de nosotros necesitamos pensar críticamente
en nosotros mismos, y en la dedicación con la que estamos dispuestos
a trabajar para evitar la cárcel, un lugar a donde, de acuerdo con las
estadísticas, un considerable número de nosotros volverá en
el futuro.
Comencemos con la pregunta más obvia de todas, “¿Por qué trabajar?”.
Para muchos la respuesta más natural es “Me mantenderá fuera
de la cárcel”. Sin embargo, estoy segura de que no es necesario
decirle a nadie, a menos mientras está encarcelado, que la cárcel
no es un lugar agradable. Sin embargo, lo que le sucede a la mayoría
de nosotros es que una vez que estamos libres en las calles, decidimos olvidar
nuestra experiencia en la prisión y antes de darnos cuenta, hemos retomado
los viejos patrones de conducta destructiva. “Esta vez voy a ser la excepción”,
pensamos, “la persona que no será atrapada”. Lo que los
que piensan de este modo deciden ignorar es que probablemente no haya una sola
persona entre los cientos de miles que han estado encarcelados que no haya
pensado lo mismo alguna vez. Al cometer un ilícito, ¿quién
planea ser capturado e ir a la prisión? Por eso, cuando necesitamos
un incentivo extra, es bueno volver a pensar en nuestra experiencia en la prisión,
la vida regimentada detrás del paredón, la falta de contacto
con nuestros familiares y amigos, las tensiones permanentes y el aburrimiento
a los que se nos somete por la fuerza, y recordar que un empleo, como mínimo,
nos mantendrá activos en el mundo exterior —donde podemos continuar
recomponiendo nuestras vidas. Para la mayoría de nosotros, obtener y
mantener ese primer empleo después del excarcelamiento será un
logro que nos enorgullece.
Además, por supuesto, el trabajo significa sacrificio. Hace falta despertarse
temprano todos los días y llegar al trabajo a horario. Significa, para
muchos de nosotros, comenzar con un salario semanal muy bajo, que puede parecernos
poco. El trabajo también significa tener que acumular o desarrollar
suficiente autodisciplina para controlar nuestro temperamento, cumplir órdenes
que pueden tener poco sentido para nosotros y concentrarse cuidadosamente en
una única tarea durante largos períodos de tiempo. Y este es
otro motivo por el cual el trabajo es importante: nos permite asumir la responsabilidad
de nuestras vidas. En prisión, teníamos poco o ningún
control sobre la mayoría de las decisiones que nos incumbían —por
ejemplo, en qué programas inscribirse, los alimentos que se ingerían
a la hora de comer o cómo y cuándo queremos gozar de nuestra
intimidad. Estábamos forzados a depender de otros para satisfacer hasta
las necesidades humanas más básicas.
Una vez de regreso en la calle, sin embargo, tenemos la libertad
de decidir cómo nos gustaría conducir nuestras vidas. Tenemos en nosotros
el poder de decidir entre innumerables opciones: dónde trabajar, con
quién vivir, qué canal de televisión poner, qué comer
a la hora del almuerzo, etc. Por supuesto, algunas de nuestras opciones pueden
ser limitadas por factores como nuestra situación económica,
las habilidades que poseemos en la actualidad; o las oportunidades que se nos
presentan. Así y todo, con determinación y un poco de planificación
previa, podemos utilizar nuestra experiencia laboral para expandir nuestras
opciones y, mientras pasa el tiempo, crearnos nuevas posibilidades. De este
modo, mantenernos en un trabajo no sólo nos confirma a nosotros mismos
y a los demás que, después de haber dependido por tanto tiempo
de otros, somos capaces de asumir la responsabilidad de nuestras propias vidas,
sino que a la vez nos promete la recompensa de ingresos económicos cada
vez mayores. Estos ingresos pueden traducirse en el apoyo económico
necesario para armar una familia, en nuevas oportunidades de volver a estudiar
y en muchas otras cosas que pueden sernos deseables.
Por último, el trabajo nos permite enriquecer nuestras vidas. Nos expone
a una variedad de personas y experiencias nuevas. Nos enseña habilidades
que pueden resultar beneficiosas más adelante en nuestro desarrollo
profesional, y nos puede brindar un sentimiento de orgullo y logro personal
el saber que, al terminar el día, hemos hecho nuestro trabajo y que
lo hemos hecho bien.
Una vez que nos hemos decidido a encontrar trabajo, es una buena
estrategia examinar algunas de nuestras actitudes negativas hacia
nosotros mismos. De otro modo, tales actitudes frustrarán nuestros esfuerzos, y ningún
orientador laboral —no importa cuán apto sea— ni ningún
manual o guía de trabajo —no importa cuán bien escrito
esté— podrá sernos de utilidad alguna.
Las actitudes negativas más comúnmente mencionadas
son:
- Soy un ex recluso; nadie me va a contratar.
- No tengo ninguna habilidad.
- No quiero ningún trabajo sin futuro o que pague poco.
Soy un ex recluso; nadie me va a contratar.
Este argumento se puede descartar porque simplemente es falso.
De hecho, sólo sirve para hacernos recaer en el derrotismo,
y para justificar la decisión de no hacer nada para mejorar
nuestra situación. Recuerde que muchas personas con antecedentes
penales o historiales de drogadicción tienen trabajos bien
pagados en todos los niveles de la sociedad. La clave de su éxito
es que supieron desarrollar un mejor concepto de su propio valor
como personas. Lo pasado, pisado. No olvidemos que hemos pasado
un tiempo en la cárcel y que ya hemos pagado nuestra deuda
a la sociedad. Ahora tenemos tanto derecho a trabajar como cualquier
otra persona. Es cierto que no es nada fácil encontrar trabajo,
y que la discriminación sin duda existe. Sin embargo, hay
leyes que nos protegen como ex convictos (o ex drogadictos) contra
la discriminación. No olvidemos, además, que con
algo de preparación, podemos aprender técnicas para
eludir la discriminación o, en caso de que nos enfrentemos
directamente con ella, saber combatirla con éxito.
No tengo ninguna habilidad.
Esta segunda actitud es, como la primera, categóricamente
falsa.
No existe tal cosa como una persona que no tenga ninguna habilidad.
Toda persona ha adquirido a lo largo de su vida algunas habilidades,
aun cuando no estén relacionadas con puestos de trabajo
específicos. La típica dueña de casa, por
ejemplo, al cuidar a su familia, con toda probabilidad ha desarrollado
la habilidad de mantener un presupuesto familiar, cuidar a niños
y cocinar, habilidades todas éstas que le pueden ser de
utilidad al solicitar un trabajo remunerado. Muchos hombres, por
su parte, han desarrollado habilidades especiales en el mantenimiento
de su automóvil, ayudando en la formación de sus
hijos o tal vez pintando o revocando las paredes de un apartamento.
El punto aquí es que hay que examinar nuestra experiencia
ya adquirida, preferiblemente con un orientador laboral, para determinar
exactamente cuáles son las habilidades que poseemos y en
qué tipos de trabajo son más efectivamente aplicables.
Entonces tendremos los argumentos para persuadir a empleadores
potenciales de que podemos ser útiles para ellos.
No quiero ningún trabajo sin futuro
o que pague poco.
Por cierto que podemos entender a una persona que no quiere gastar
su energía en un trabajo sin posibilidades de progreso
o que pague poco. Así y todo el hecho es que muchos de
nosotros tenemos que empezar nuestras carreras en un puesto de
nivel inicial, o al menos trabajar en esos puestos por un período
de tiempo.
En este sentido, es importante darse cuenta de dos cosas. Primero,
la mayor parte de los empleadores insisten en que los nuevos
trabajadores empiecen desde abajo y vayan subiendo de puesto
a medida que van trabajando para la empresa. Esto le permite
al empleador juzgar con mayor precisión las cualidades
de un individuo como trabajador antes de asignarle más responsabilidades.
En segundo lugar, trabajos sin posibilidades de crecimiento, o que pagan poco,
sirven para algo: nos ayudan a pagar nuestras cuentas, nos dan experiencia
de trabajo, y nos pueden crear contactos importantes que en un futuro podrían
significar mejores oportunidades de empleo. Si aceptamos un puesto de trabajo
de nivel inicial, tratemos siempre de tener en mente una meta a largo plazo.
De este modo, podemos ver nuestro trabajo actual como un paso pequeño
dentro de nuestros planes de más largo alcance y no hay por qué considerarlo
como si fuera permanente. Sobre todo, evite asumir la actitud que dice: “Nunca
voy a aceptar un trabajo que me pague tan poco”. Para la mayoría
de nosotros, no hay una manera fácil de hacerse ricos con rapidez; si
la hubiera, usted no estaría leyendo este libro en este momento y yo
no estaría escribiendo en este momento.
Para muchos de nosotros, sobrevivir en el mundo de “afuera” puede
ser algo que nos asusta —especialmente si hemos estado entre
rejas por largo tiempo. Puede que tengamos que adaptarnos a un
estilo nuevo en la manera de relacionarnos con la gente. Si estamos
dispuestos a ser honestos con nosotros mismos, y tratar a los demás
con sinceridad, entonces hemos vencido el reto más serio.
Recuerde siempre: no hay razón alguna para tener que ponerse
a la defensiva acerca de quiénes somos, o disculparnos por
nosotros mismos. Hemos cometido errores, como los cometen otros,
y hemos pagado por ellos. Nuestra tarea ahora es volver a tomar
control de nuestras vidas, teniendo presente que la decisión
de volver o no a la cárcel estará en nuestras manos
como individuos —no en la de los oficiales a cargo de supervisar
nuestra libertad bajo palabra, ni en las de nuestros amigos o parientes,
o las de la sociedad. Encontrar un trabajo y quedarse en él
será el primer paso importante para la mayoría de
nosotros que queremos readaptarnos a la sociedad. Esperamos que
La Búsqueda de Trabajo le sea de ayuda en este sentido.
Nota del autor
Para escribir La Búsqueda de Trabajo se recurrió a
una gran variedad de fuentes de información. Se consultaron
una serie de libros y folletos dedicados al tema de cómo
obtener trabajo; desafortunadamente, muy pocos de ellos habían
sido escritos para no profesionales que están en busca de
trabajo. De igual modo, actualmente sólo existe un muy limitado
número de materiales escritos que analicen el tipo de problemas
legales con los que se tiene que enfrentar un ex recluso o un ex
drogadicto al momento de buscar trabajo. Los materiales de utilidad
que sí existen se pueden hallar sólo en las oficinas
de profesionales como los asesores jurídicos, oficiales
a cargo de supervisar a personas en libertad bajo palabra, u orientadores
dedicados a combatir el uso indebido de sustancias adictivas. Sin
embargo, conocer los propios derechos de uno como ex recluso y
saber cómo causar una buena impresión al entrevistarse
para un trabajo pueden ser asuntos de vital importancia para un
ex recluso, asuntos a veces interconectados con su capacidad para
mantenerse fuera de la cárcel. Tuve la suerte, al escribir
La Búsqueda de Trabajo, de conocer a muchas personas expertas
en esta materia cuya ayuda fue indispensable. Algunas de ellas
son asesores jurídicos en el área de derechos de
ex reclusos, orientadores dedicados a combatir el uso indebido
de sustancias adictivas, oficiales a cargo de supervisar a personas
en libertad bajo palabra, y expertos de las agencias de empleo
que trabajan intensamente en programas con ex reclusos.
Note que este folleto está dirigido a lo
que se podría llamar “una audiencia media”.
Puesto que la población en las cárceles
incluye a personas que poseen la gama completa de habilidades de lectura y de
experiencia, ha resultado imposible escribir con todos los segmentos de esta
población en mente. Elegí concentrarme más en aquellos individuos
que tienen menos habilidades y experiencia relacionada con trabajos, y menos
educación formal. Por lo general, éstas son las personas que menos
conocen los recursos que hay disponibles para ellos fuera de la cárcel
y cómo tener acceso a ellos. Aun así, confío en que todos
ustedes encontrarán alguna información o consejo en estas páginas
que les pueda ser de ayuda.
Por último, la verdadera prueba de la eficacia
de este folleto es el efecto que tenga en usted, el lector. Tanto
es así, que
cualquier sugerencia que pudiera tener para mejorarlo se le agradecería.
Envíe sus sugerencias a: Stephan Likosky, Institutional Librarian, Office
of Community Outreach Services, The New York Public Library, 455 Fifth Avenue,
New York, NY 10016.